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Poemas de Esteban Fernández...

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Habremos perdido hasta la memoria de nuestro encuentro... y sin embargo nos reuniremos, para separarnos y reunimos de nuevo, allí donde se reúnen los hombres muertos: en los labios de los vivos. (SAMUEL BUTLER)


ENTRE TU SUEÑO Y EL MÍO

¿Y si el espacio que media entre tu sueño y el mío
fuera el milagro de un beso?

Nazco hijo de tu sangre y por tu sangre me quedo…
brotando dulce… despacio… niño, hombre, tuyo, viejo.
Desde tus ojos me veo mirándote la sonrisa,
a dos suspiros tus labios, en un mañana el recuerdo.

Me trae mi nombre de donde mis pasos nunca se fueron,
me tiendo sobre tu puente y en tus ojos me hago cielo.
Entre los gritos del mundo un llanto raja el silencio
y mi respuesta es pregunta latiendo al fondo del tiempo.

(Por dondequiera que vayas…
cicatrizado en tus palmas, vivo, muerto, siempre, nunca,
acá en tu pecho… me quedo).

 

ÉRAMOS TAN JÓVENES.


Éramos jóvenes y el mundo
cabía en las pupilas de tus ojos,
todo él, desde su páramo en sombras
hasta su roída grandeza
quedaba vencido, como yo,
frente a tu sonrisa de demoniaca virgen
que apresuraba la codicia de mis manos
hambrientas de rumores
sobre tu pecho invicto,
guarnecido de memorias.
Éramos jóvenes y el mundo…
diablos, qué importaba el mundo,
si en tu espina dorsal
danzaba su equilibrio de funámbulo,
su andamiaje de profeta
y la duplicidad distraída de sus horas,
si toda la gloria de un instante
cabía en las pupilas de tus ojos…
Éramos tan jóvenes… ¿recuerdas?

 

ELLAS CONCILIAN EN TU NOMBRE


Amo a la mujer. Veo en su esencia al sauce que se pliega al viento y se mantiene en pie, mientras que el robusto roble, resistiéndose, se quiebra y cae. Nada me desarma más que el acercamiento a esa sonrisa tierna, que solo ellas saben dar. Un viaje al fondo del misterio, un tránsito a las complejidades de otro universo donde se vuelve espejo en que se mira el mundo para conformarse. Ellas, hacedoras de una larga lista de acepciones que entretejen su vocablo. Un motivo para descubrir la muerte apenas como fin de la palabra y comienzo de lo que aún no fue nombrado. Esencia que desanda en mis armarios y me traza la ruta de mi piel, que no es más que la ruta de mi vida y la batalla que me vence cuando me ocupa todo lo que soy y hasta lo que no he sido. Ellas, concilian en tu nombre. Porque no alcanzará la vida para recordar todo lo que fuimos… y mi olor es tu olor en una habitación llena de ausencias. Y allí me quedaré, hasta que un día vuelvas y acalles con tu luz el fin de la palabra que me anuncia la muerte a través del silencio de tus manos.


VUELVE


Deja que la noche entre
que yo te abrazaré hasta sentirte mía
mujer, ángel, belleza...
cómo te devuelvo esa sonrisa.
Esencia que trazas la ruta de mi piel
batalla que me vence,
emerge del vestido remendado
y sobrevive a las perennes carestías,
el mundo es nuestro puerto
el tiempo es hilo y tú
la única verdad
que me transparenta el alma.

 

HEMBRA BRAVA


No siendo estoy contigo desde siempre,
desde el cercano instante de tu luz.

Nunca te puedo decir adiós
volviste mía,
pero solo como una estrofa de agua
que se pierde entre mis manos
y se escurre.
Qué raro todo.
Qué absurdo morir en ti hembra brava.
Me anclas a esta tierra,
la distancia es lo que no te puedo dar
aunque solo tenga tus instantes
y tu presencia esquiva.
Me llevas loco,
quién lo diría... a mis cuarenta y dos,
caminando hacia atrás como un sonámbulo.
Y tu bendito cuerpo,
endemoniado cuerpo que conquista el mundo
es un dolor dormido aquí en mi cama,
cuando lo busco y ya no está
vuelves a dejar en sombras esta casa.


EL SELLO
Tetraktys

Tendrías que haber llegado simplemente.
¿Para qué hablar del modo?
¿Acaso luce el sello que te estampa en la frente
una estrella que aúlla su luz a mediodía?

El cielo se inclinaba para abarcar tus ojos,
pero qué inmensa lumbre cegaba la mirada
echada a la intemperie.

Vecindarios de sombras
fundaban sus misterios de amotinado oleaje
(no hay piedad en la tormenta
que se viene anunciando como cuerno de caza)

¡Qué lejos el santuario para guardar el fuego!
Cómo apocar al viento, su ímpetu de ala.

(Cada intento de vuelo
fue un arreglo de cera ascendido a lo bajo.
Mil pétalos de loto no expiarán siquiera
de una llama, su entraña).

Y te percibo huérfana de ti, ya de tan lejos.
Salvajemente amada.

 

EL HUMO NO ES LA LLAMA


No cruces esa puerta.

Detrás, iluminando, solo hallarás aquella que te nace
cuando enciendes el fósforo de algún viejo deseo
que obedece a la orden primordial de tus abismos.

El humo no es la llama.

Se te abrirán las vistas que hacen la suerte inválida
para habitar el templo donde la cama es tibia,
amorosos los brazos y dulce el pan.

Minúscula es la dicha que corona el misterio
arrojado por la boca de un pez
que oficia con sus ojos una señal,
algún brillo de plata donde ilustrar las aguas
vertidas en las noches por el jarro de Acuario.

Al pie de la justicia se romperá lo justo
y hallarás al implacable Guardián del egoísmo
servido con los manjares que ayunaron los miedos
multiplicados por los ritos de tu devoción.

Has de llenar el cáliz, si pasas, con tu fuego.
Has de aprehender el látigo, has de saber morir.

 

LAS ROSAS DEL INTENTO


En este río de nunca dejaste lo cierto de tu boca,
bebiste la tentación de ser lo más lejos de ti,
pasajero el camino se hizo a tus pies tan rápido
que te dejó varada al sueño de tu orilla.

No digas, sin embargo, detrás de toda puerta
se secaron las rosas del intento.

La torre fulminada por el rayo puede quedar ceniza
de bendecir. Celébrala en tu danza dondequiera
que reza la cólera apagada en su estación de polvo
y mírale el color del tiempo a tu tristeza
como quien mira Abril.

 


LOS CÓDIGOS DEL SIGLO


Esa que asoma tras de ti, se fue hace tiempo.
Jamás podrás saber luego de cada despedida
cuál fue la más cercana, por más cierta;
la más absurda, por alejada de todo lo creíble.
Acaso son todas espejismos donde se busca
en vano tu memoria.

Pero allá están.
Detrás de cada hombro donde tu vista
hizo el intento por confirmar sus rastros;
y tu corazón —medio toque de cuerno y campanil—
las anunciaba…(esa señal sin amparo de lo ido
cuyo sonido se ahogaba en un golpe de suela
luego del sello dejado por cada uno de tus pasos).

Por cada una pagaste, apenas,
con la mísera impaciencia de la próxima.
Tus ojos como ágapes servían a sí mismos
la ruta presentida de cada noche venidera;
como si fuera probable todavía que el frío por sentir
doliera menos hielo que el pasado,
más alejado cada vez de tu ración precisa de esperanza.

¿No fueron suficientes los códigos que el siglo
brotaba por cada una de sus bocas?
¿Las fases que indicaban el ciclo de todas
las lunas de sus ojos?
¿La sagrada escritura del tiempo sobre todos
y cada uno de sus cuerpos?

Pero no hay vuelta atrás.
Acaso pruebe auscultar tu oído, algún día cualquiera,
el entre soñado vivido de tu pecho.
Y en vano te sepas en todas las que fuiste.
Esas que suenan cada vez más lejanas,
como badajos golpeando esa frágil campana
donde te ocurre el tiempo.

 

VERSOS SENCILLOS…


Mujer…
desde este invierno te miro
abstraído ahí en tu pelo
pasa un gorrión y me canta
pasan lluvias
paso... pasas,
y se me corta el aliento
al saber que no tan lejos
donde mi mano no llega
y se desvela el anhelo
con todo el ruido del mundo
por los braceos del sueño
brillas tú... deidad cubana.

 

TODO PARECE TAN REAL


Todo parece tan real.
De repente padeces de ciudad
y te encuentras faltándole a tus pasos.

Te calza el abandono.

Si pudieras desflorar las sombras
que silencian las luces fondeadas por los años.
Pero mata el afuera que te vive
porque hay oleadas que son definitivas
cuando habitas abajo.

Rayas los días en troncos secos
para perdonar la desmemoria del olvido
tú, la de vuelos apócrifos surcando las orillas,
la que secaste el sueño a fuerza de soñarlo,
la que encalló en ninguna parte
cuando remaba al filo de un recuerdo.

Y de repente la urgencia de morir
es horror a la muerte. Huye.
No huelas el abrazo de la puerta cerrada.
No te fíes del vano, ni del tiempo.
El azul se hace torpe detrás de una ventana.
Y yo, de tan real, podría ser cierto.


EL SALDO DE LA HERENCIA 


(El-Kebrîtu-l-áhmar)


Te sigo paso a paso… quiero estar vivo, rehacer a partir de tu aroma el aire en que me nombras. Quiero que me oigas… romper la llave del error con que abrimos las sombras; amar todas las caras de tu júbilo en un idioma sin fronteras, desasido del cielo que se volvió distancia en un siglo de espera.
Quiero que nos alcemos como hierba y en un escalón del todavía hallar la salida de este instante de ausencia.
Algo me trae el día… cuando me veo desnudo cicatrizado en tus palmas, como un puñado de barro que toma forma en tus manos… niña mía.
Así camino… y no quisiera mirar… pero tengo tus ojos que me explican este intento… como si hubiera lugar para esta vida… asomado a tu aliento desde la puerta de mi alma donde me sostienen solo el tiempo y la pregunta.

Este morir naciendo cada vez en tus labios…
Este nacer muriendo cada vez en tus manos…

 

Sobre el autor: Yo soy un sueño, un imposible... vano fantasma de niebla y luz... soy incorpóreo... soy intangible

 

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